sábado, 10 de octubre de 2015

¿Y a mí quien me salva?

Acabo de tener un dejavú.

Recapitulemos, han pasado muchas cosas éste año. El 2015, de lejos, ha sido uno de los mejores años que he tenido en mi vida. Cambié de trabajo, conocí mucha gente hermosa, lidié con las experiencias y fui consolidando una actitud que realmente empezó el año pasado, el positivismo.

Mi mamá siempre me decía que había que ser positiva, que uno atrae lo que dice y para mí era puro blablabla. La critiqué miles de veces por poner frases positivas en Facebook, me parecía pura basura mental. Sin embargo, luego me di cuenta de que era cierto, que la palabra tenía poder. Que, en serio, atraes todo lo que dices, sea positivo o negativo.

Poco a poco lo fui asimilando, me liberé de lo que yo consideraba malo para mí, fui rodeándome de gente buena. Hice una limpieza general. Me liberé de la gente "por compromiso" y me quedé con las personas que realmente me aportaban. No fue fácil, de hecho, aún estoy lidiando con eso. Y así, empezó mi proceso de convertirme en "una persona de luz", según dice mi amigo Jorge.

Para mucha gente fue chocante, que de la nada me convierta en una persona "buena vibra", que deje de lado, de verdad, mi lado hater. Y cuando abrí los ojos sólo me di cuenta de que ese haterismo había desaparecido. Ya no tenía odio por nada, la frustración había desaparecido. Y no entendía porqué las personas, día a día, estaban tan envenenadas en redes sociales. ¿Por qué hay tanto destile de odio?

Basta con entrar a Twitter, parece que las personas estuvieran listas para disparar con palabras a quien sea. Una opinión fuera de lugar y saltan los dueños de la verdad a querer imponer su criterio por encima del tuyo. 

Entonces simplemente me alejé. Posteaba lo mío y me iba, casi no interactuaba y así la magia de Twitter se perdió para mí. Pero estaba mal, porque no puedes vivir en una burbuja, no puedes hacerte de oídos sordos y como si nada pasa. Debes enfrentarte a la oscuridad para que la luz prevalezca. 

Ahora, conversando con un amigo, él me decía que yo lo había salvado, que mi actitud lo inspiraba a ser mejor. Y se siente bello que te digan esas cosas, pero me quedé pensando, ¿Y a mí quien me salva?, ¿Qué hacer cuando sientes que estás a punto de "abrazar la oscuridad"?

Y nada, fue ahí cuando me di cuenta que la fuerza viene de uno mismo. Lo que das, te lo das. 

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